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Diversión nocturna, en resaca por la crisis

Diversión nocturna, en resaca por la crisisEn bares y discotecas, la “barra libre” dejó de ser negocio. Los aranceles bajaron el consumo de whisky. En su lugar: cerveza

Crash es un bar-discoteca donde se dejó de consumir whisky. Al menos, ya no se lo sirve como hasta hace siete meses, compara Álvaro Charca, propietario del local ubicado en la zona rosa de Guayaquil. Quienes pedían el trago fuerte prefieren, ahora, cerveza, alega el empresario colombiano, radicado en Ecuador hace diez.

Lo sucedido en Crash se repite en otros centros de diversión nocturna. Es una especie de réplica que dejó el ‘sacudón’ de la crisis financiera mundial, fortalecida a inicios de año, y la fijación de un recargo arancelario del 35% a los licores importados en el país.

El refugio que encontraron los ‘trasnochadores’ en bebidas de menor costo dejó consecuencias visibles: el consumo de licor importado se ha visto afectado un 80%, revela Charca. Es que una botella de vodka que antes se conseguía a 50 dólares, ahora está en $ 80. “Los impuestos son elevados, tomando en cuenta que el mantenimiento del local demanda gastos”, agrega, por eso, anunciar barra libre no es método válido para él, porque debe abaratar costos y no tiene cómo hacerlo.

Entonces la estrategia cambia: la botella de whisky Johnny Walker negro, que lo ofrece en $ 120, lo deja en 100 dólares a los clientes recurrentes, pero si alguien compra dos botellas, le obsequia media botella de la misma marca. “Estos son los ganchos que uso”, asegura el propietario del local donde se mezclan ritmos tropicales como la salsa y el merengue.

En “Curramba La Bella” también aplican promociones: por consumir diez cervezas, se obsequia siete.
Es una forma con que Jorge Altamirano, empresario del establecimiento, ha buscado calmar a su clientela que para los sábados llega a 120 personas. “Hay consumidores que piensan que uno es arbitrario y decide subir los precios porque sí”. Allí, la botella de vodka Ruskaya es la que últimamente tiene más salida. Cuesta $ 19.

Williams Henriques, presidente de la Asociación de Bares y Discotecas de la Zona Rosa, en el centro de Guayaquil, resume la actividad comercial del gremio desde inicios de año como pésima, “hay que hacer algo para que siga viniendo gente”, expresa. Hasta hace seis meses, vendía 7 botellas de licor por noche, pero desde la fuerte crisis no se repite ello.

Henriques también cuenta con un negocio familiar, Cube-Bar, donde acuden 300 personas los sábados.

El local fue el tercero en abrir sus puertas al público en la zona rosa hace 4 años. A este empresario le preocupa la proliferación de la barra libre en otros locales, porque afirma que se gana menos.

La imagen de los bares y discotecas se ha debilitado por todos estos factores y se corre el riesgo de que la gente acuda a estos sitios solo por bajos costos y no por trayectoria. Por eso, las relaciones públicas han sido activadas.

Es el caso de Baraka, donde Andrés Torres es propietario junto a su esposa. Ellos encargan a terceros que ofrezcan paquetes empresariales y les confían la organización de estos eventos.

Al principio, cuando Torres inauguró su bar en abril de este año, no hubo problemas. Luego de cuatro meses surgió el inconveniente con el incremento de los precios de los licores y fue en ese momento que disminuyó su clientela en un 25%.

Pese a las críticas que recibe la barra libre, él la anuncia en su negocio. Vende las entradas a 8 (mujeres) y 12 dólares (hombres).

José Luis Silva es el dueño de tres locales: Elepé, 911 (ambos en la zona rosa) y La gran manzana, que está en construcción (al sur de la urbe).

Él está en el negocio desde hace once años en países europeos, pero en Ecuador tiene cuatro. Aquí tuvo que implementar concursos de bailes, donde los triunfadores se ganan botellas de tequila.

Elepé es un bar-karaoke con un concepto ochentero, es decir, donde se escucha música que fue exitosa en los años ‘80 y tiene mucha acogida especialmente los días viernes. Además, allí se puede elegir cocteles entre una variedad de 60 y pagar desde 3 a 7 dólares por copa.

Y la discoteca 911, atmósfera distinta porque al lugar acuden público de 18 años en adelante, de clase media-alta. Por el pago de 10 dólares la entrada, muchos disfrutan de todos los servicios.

El repaso por la oferta discotequera deja como conclusión que la variedad, no solo en precios sino en espectáculos y atención al cliente, es determinante para sobrevivir en un negocio aletargado por condiciones exógenas como la crisis financiera mundial.

Aquellos bares solo de consumo corren el riesgo de no superar la “resaca”. Crash, Curramba La Bella, Cube Bar, Baraka, Elepé y 911 lo intentan cada noche. El aliado este mes parece ser la festividad juliana, que cada año inyecta a los guayacos una dosis de “farra”. ¿Logrará la celebración embriagar a los guayaquileños este año? (CAA)

La experiencia
Los shows son necesarios en el negocio, para afrontar la crisis hay que ser creativos y en los centros de diversión nocturna no solo cuenta ganar más clientela, sino conservar la que tienen.

Esa es una máxima que Juan Carlos Robalino aplica en la discoteca Barú, de su propiedad, ubicada en Kennedy Mall, al norte de Guayaquil. Como en su local ya no se vende mucho licor importado, por los altos costos, recurrió a fijar descuentos al whisky para quienes frecuentan el lugar. Es una forma de premiar la fidelidad. El vaso de vodka cuesta $ 4 y el de la casa $ 3.

Además, los jueves, de 19:00 a 22:00, hay barra libre por 3 dólares, después de ese horario el costo de las bebidas es el habitual. Este mecanismo se repite los viernes, pero por $ 6 y hasta las dos de la mañana.

La barra libre es un mecanismo que puede aplicarse en centros nocturnos de gran capacidad, dice Robalino, quien solo los sábados llega atender hasta 1.600 personas. “Los bares y discotecas con hasta 150 personas de capacidad no deben usar el método de la barra libre, porque es dañino para sus ganancias”, recomienda. “Al ser un local pequeño se despachan las bebidas rápidamente y la gente se desvía del objetivo de bailar solo para continuar consumiendo”, complementa.

Por eso la variedad es indispensable, sobre todo porque el 20% de su clientela no ingiere bebidas alcohólicas y el 35% bebe moderadamente. Para ellos, se realizan eventos con animadores talentos de televisión y modelos, y se presenta un comediante argentino apodado el ‘mil caras’, que en 20 minutos adopta ocho personajes diferentes y cada cambio lo efectúa en un minuto.

Allí se manejan 4 áreas de diversión: Barú VIP (merengue, salsa, reggaeton) Zess (electrónica y pop); Color (solo música electrónica) y Memory (música de los 80). (CAA)

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