Miles de ecuatorianos despidieron a Ilegales

http://src.eluniverso.com/data/recursos/imagenes/vye08aa210311-photo01_228_168.jpgNi la fuerte lluvia, ni los 8 grados de temperatura que vivió la capital, la noche del pasado viernes, impidieron que más de 3 mil seguidores lleguen hasta El Teleférico, ubicado en las faldas del volcán Pichincha, para presenciar el último concierto en la ciudad del grupo de rock español Ilegales.

Tres horas antes de que el grupo, liderado por Jorge Martínez, saltara al escenario, dos filas enormes se formaban bajo la lluvia. Impermeables plásticos de colores vivos escondían las mallas negras, las faldas jeans y el rostro pálido de las chicas, y en los varones, las botas de trabajo oscuras, los pantalones tubo ajustados al cuerpo y las chaquetas militares y de cuero.

“Tenía 18 años cuando vi por primera vez a los Ilegales. Yo estuve en el primer concierto que dieron en 1985 en la Chorrera de Quito y ahora vengo a despedirlos”, dijo Carlos Prieto, de 45 años, mientras dejaba su correa, por orden policial, en el ingreso por la puerta VIP. Una montaña de botellas, correas y cascos de moto crecía en cada una de las puertas de ingreso al concierto. La idea, decía el policía de guardia, es que no haya objetos que puedan utilizarse para generar violencia.


Eran las 20:30 y los vestidos con camisetas de Nirvana, Ramones, Pink Floyd no paraban de ingresar. El escenario recibió entonces al primer telonero de la noche: el grupo quiteño Anónimos, seguido por el guayaquileño Luis Rueda y su Feroz Trío Expreso. Eran las 22:00 y en el camerino de los Ilegales, ubicado a un costado del escenario, se veía movimiento; no obstante, Jorge Martínez y su banda subieron media hora después.

El público los recibió con los brazos extendidos y puños cerrados. Para muchos, el grupo marcó su niñez y adolescencia con canciones de tinte político y críticas a lo establecido. Mientras Jorge interpretaba “Tiempos nuevos, tiempos salvajes...”, el puertazo de los que no lograron ingresar –pues el lugar ya estaba repleto– se veía venir. Canción y media resistieron los guardias y a la mitad de Hombre solitario una muchedumbre llenó las áreas de general y VIP.

El regalo que quedó del enfrentamiento fue un fuerte olor a gas lacrimógeno en el ambiente, el que afectó a los asistentes y a Jorge Martínez. “Hay que ser imbécil para hacerlo (lanzar gas). Si cancelo el concierto ahora estoy seguro que resultarán muchos policías heridos”, dijo él. A temas como Paso doble, Lavadora blues y Agotados de esperar el fin le siguieron varios irreverentes, sarcásticos y de crítica social: El corazón es un animal extraño, Regreso al sexo químicamente puro y La Chica del club de golf.

Cuando llegó Quiero ser millonario la gente, pese a lo apretado del lugar, hizo mosh (baile, saltos, golpes y empujones). Un extenso recorrido de lo que fue Ilegales en 30 años de carrera brindó el grupo en casi tres horas de concierto. Jorge Martínez se despidió de Quito con la promesa de que en la nueva fase del trío (como JM y Los Magníficos) no se alejarán de sus orígenes punk y rock.