
El que un estudiante tenga una beca (ayuda económica), además de ser una recompensa a su dedicación e inteligencia, puede convertirse en una pesadilla y un riesgo para su realización futura, si no cuenta con una buena dirección por parte de sus padres y maestros.
Las amenazas, presión, prohibiciones, comparaciones y hasta castigos corporales suelen llegar, en muchos casos, junto con la beca. Esto porque maestros y padres quieren que el alumno (de colegio o escuela) solo tenga sobresaliente.
Gabriela (de 13 años), becada desde hace dos en un colegio de Guayaquil, dice que llora y suplica a sus maestros que la ayuden cada vez que saca 19 en las tareas, lecciones o exámenes. Argumenta que si no obtiene sobresaliente su mamá se enoja mucho y la amenaza con sacarla del colegio para que se dedique a los quehaceres de la casa. Gabriela anota que siente una constante presión y que preferiría no ser becada, para que no la molesten tanto con la nota máxima.
Al respecto, la psicóloga clínica y educativa Evelyn Brachetti de Areco señala que los padres de los becados no deben exigir solo excelentes notas. Dice que todo chico tiene derecho a manejar bien algunas materias y otras, no.
“En unas no puede tener tanta habilidad o puede que en la misma materia donde sacaba excelente haya capítulos que no le sean fáciles de comprender, entonces los padres deberían estar alertas, para cuando el chico tiene algún vacío ayudarlo y aceptar que un 17 o 18 no es nota mala. Tampoco que le atribuyan toda la culpa, lo repriman y castiguen, porque toda lo obligación recae sobre él”, anota Brachetti.
En tanto, la psicóloga educativa María Isabel Pasquel indica que lo importante es mantener el equilibrio, entre presionarlos y no estresarlos.
“Lo primero es tener conciencia de que es una situación delicada. La beca hay que manejarla como un privilegio y no como una obligación. Lo importante es fomentar la autoestima del hijo expresándole verbalmente que confían en él y que esperan que dé su mejor esfuerzo”, manifiesta Pasquel.
Anota que se debe evitar condicionar a los chicos con “te doy esto o te quito aquello. Te va a pasar esto o lo otro”, porque hacerlo los pone contra la pared, no les deja salidas, y se puede dar el caso que en lugar de que saquen buenas notas, bajen más su rendimiento porque están estresados, con temores, se sienten culpables y poco capaces para responder.
Martha Córdova Salazar, rectora de la Unidad Educativa Nueva Semilla (ubicada en el Barrio del Centenario), dice que en esa entidad donde tienen becados en el horario vespertino, se apunta a la excelencia, sin embargo, tomando en cuenta no solo las habilidades de los estudiantes, sino también las debilidades.
Córdova anota que se trabaja con los padres para que estos a su vez sepan cómo ayudar a sus hijos en el aprendizaje y la parte afectiva. Que les den amor y seguridad.
“Trabajamos mucho en la autoestima, la formación de valores, porque no queremos entregar simples bachilleres, sino chicos emprendedores, que tengan un plan de vida, metas”, indica la rectora.
“Lo importante no es darles solo conocimientos, sino también enseñarles que son capaces de ser exitosos, que la educación no solo les va a cambiar su vida, sino también su entorno, su familia. Que a futuro sean solidarios y retribuyan a la comunidad”.
En tanto, la doctora Pasquel puntualiza que algunos padres exigen mucho a sus hijos porque quieren que mantengan la beca ya que les beneficia económicamente a ellos.
“Se deben tener en cuenta –y haberlo dialogado con los hijos– las opciones que tomarían en caso de que pierdan la beca. Tener un plan b y no esperar a que pase. Pero que ese plan no sea un castigo. Considerar que no siempre es culpa del chico que baje el rendimiento. Los maestros se equivocan mucho, por eso hay que hablar con ambas partes y si fuese necesario con alguna autoridad del plantel”, dice.
Las especialistas consultadas coinciden en que si se presiona mucho al becado se pueden crear chicos con rasgos obsesivos, que en cualquier momento exploten debido a la carga de estrés a la que están sometidos. También se pueden convertir en egoístas y demasiado competitivos, con el constante temor a que otros los superen.
Alerta
Los maestros no deben reprochar al alumno porque no obtuvo un 20. Si la nota es muy baja hay que buscar en qué falló y trabajar juntos para mejorar el puntaje.
Tanto maestros como padres deben ejercer una moderada presión y estar atentos a los cambios negativos en la conducta o el rendimiento del alumno.
Es importante que el estudio vaya acompañado de distracción, tanto en el plantel como en la casa, para que el estudiante se relaje y sociabilice con sus compañeros y hermanos.
No aplicar castigos corporales ni avergonzar al menor con los demás amigos o familiares.
“Lo importante no es darles solo conocimientos, sino también enseñarles que son capaces de ser exitosos, que la educación no solo les va a cambiar su vida, sino también su entorno, su familia.
Martha Córdova
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